Isla de Cabrera. Del paraiso a la infamia


En la guerra de la independecia el pueblo español estaba cansado de los franceses y sus desplantes. Pero nada justifica lo que se hizo con los prisioneros de guerra ¿ O si?

Imaginen que en la isla no hay víveres ni apenas agua potable. Imaginen que la comida depende de los carceleros, de las condiciones del mar, de las inclemencias políticas. Imaginen que el forzoso encierro dura cinco años. Imaginen por un instante que 14.000 personas son encerradas en una isla de 16 kilómetros cuadrados. Imaginen que el hambre provoca que haya canibalismo…Imaginen la isla de la Cabrera.


Conozcan una dura historia de perdedores olvidados, que tuvo lugar en el año 1809. Sí, la Guerra de la Independencia española tiene también su leyenda negra.

La espeluznante historia de los presos franceses comienza tras la derrota de las tropas galas en la batalla de Bailén. El 19 de julio de 1808, el imponente ejército napoleónico sufre su primera gran derrota. Los 21.000 soldados franceses al mando del general Dupont son derrotados por los 24.000 soldados españoles que comanda el general Castaños. Un acontecimiento que supuso un aldabonazo para el sueño de libertad hispano. Tres días después, con un campo de batalla aún sembrado de cadáveres, Dupont y Castaños firman las capitulaciones de Bailén. En el documento se acuerda que los numerosos prisioneros galos serán repatriados a Francia. La soldadesca es entonces trasladada a Cádiz, donde van a ser embarcados y enviados de regreso a su hogar. No fue así. Sí fueron llevados a los barcos, pero su destino cambió, sin plan, sin destino.

Los, se calcula, más de siete mil prisioneros galos son encerrados en ocho pontones fondeados frente a Sanlúcar de Barrameda. Los barcos se convertirán en cárceles acuáticas en las que los soldados se amontonan unos sobre otros. Las autoridades españoles rompen el pacto y deciden no volver a engrosar al ejército enemigo en su retaguardia. Sin embargo, pronto comienza un segundo problema: las naves se convierten en un foco de enfermedad y muerte. La disentería toma los barcos y los propios carceleros se niegan a vigilar o dar comida a los prisioneros. Hay que buscar una solución y los españoles deciden sacar de Cádiz los ocho pontones y llevarlos a un lugar alejado, donde no haya conflicto con la población civil ni riesgo de fuga. Se decide llevar a la tropa a la desértica isla de la Cabrera, en el archipiélago Balear. Los navíos rebosan almas y carne putrefacta. El número de cuerpos ha ido aumentando con nuevas detenciones que se van produciendo en las refriegas entre españoles y franceses, especialmente en la zona de Levante. No hay un número exacto de los hombres que fueron arrojados en el islote una mañana del mes de abril de 1809, pero sí se sabe que tras cinco años se alcanzó la cifra de 14.000 detenidos.

Los franceses, tras ser abandonados allí, comienzan a organizarse para crear una mínima estructura social. Un ejemplo significativo de la esperanza con la que se construía el futuro es que lo primero que levantaron sus habitantes fue el cementerio. Sería el edificio más importante en aquella tierra y, sin duda, el más habitado. Pronto hubo que hacer reformas y agrandar el campo santo para separar lo más posible a vivos y muertos, si es que había forma de diferenciar a ambos.

La comida, mientras, dependía de una vela que avistar en el horizonte. Un barco español debía llevar allí todos los días alimentos desde la cercana Palma de Mallorca. No siempre ocurría. En algunas ocasiones lo impedía el mal tiempo, en otras tras era el castigo por algún motín o intento de fuga desenmascarado. La dieta se repetía con frecuencia: pan mohoso, habas y aceite. Los soldados españoles lo descargaban y se marchaban. En caso de que faltaran los víveres, una rata o un gato se convertían en un manjar muy preciado.

El cautiverio terminó 1814 al firmarse la paz. De cada cuatro presos que llegaron a Cabrera murieron tres, sólo sobrevivieron unas 3600 personas de las que llegaron, más otros presos enviados de las guerras napoleónicas que también perecieron. En recuerdo a los que perecieron en esas circunstancias de sufrimiento, enterrados en el cementerio francés, se levantó un monolito en la isla.

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  1. #1 por jose el febrero 9, 2012 - 23:58

    Ya había escuchado la historia, muy interesante

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