VESTIGIOS de la INDUSTRIALIZACIÓN – Málaga Desconocida.


¿A que malagueño no le resultan familiares apellidos como Loring, Huelin, Crooke, Gross, Heredia, Larios…? ¿Quien no conoce las altas chimeneas situadas a lo largo y ancho de la ciudad?

Málaga, motor económico de Andalucía, no siempre ha sido turismo y hostelería, sol y playa…. hablamos de una de las provincias pioneras del desarrollo industrial en España.

La segunda mitad del siglo XIX fue una época próspera y brillante para la ciudad de Málaga, caracterizada por un gran dinamismo económico; un despliegue industrial que la colocó en los primeros puestos de España en lo que a actividades manufactureras se refiere.
Este período de bonanza económica se basó esencialmente en la siderurgia, en la industria textil y, algo más tarde, en el sector de los productos químicos.

Pionera como hemos dicho en el inicio de la Revolución Industrial, hay autores que la consideran la primera ciudad industrial de España, manteniendo después el segundo puesto tras Barcelona durante buena parte del siglo XIX. Es ésta la época de las grandes familias burguesas malagueñas, algunas de ellas con notable influencia en la política nacional.

En 1848, la capital contaba con siete molinos harineros, seis de ellos accionados por energía de origen hidráulico y uno por medio del vapor. Se conoce la existencia, además, de algunos molinos de aceite, tres lencerías, nueve fábricas  de curtidos y siete de jabón.

Manuel Agustín Heredia consiguió que su fábrica, la Constancia, se situara en poco tiempo a la cabeza de la producción nacional de hierro.

El sector textil experimentó un enorme desarrollo debido a la familia Larios.

En transporte y comunicación se desarrolló sobre todo el ferrocarril, con líneas costosas y complicadas como: Málaga-Álora, Málaga-Cártama, Málaga-Córdoba, así mismo hay que destacar la puesta en marcha del tranvía a finales de siglo.

En 1.854 se consiguió crear el Banco de Málaga, aunque se configuró como un instrumento de los grandes capitales de la ciudad y la provincia, bajo cuyo control estuvo en todo momento.

A mediados de los años sesenta esta prosperidad económica comenzó a resquebrajarse. La siderurgia entró en declive por la escasez, lejanía y precio del combustible utilizado (el carbón), el comercio comenzó a decaer y la agricultura quedó completamente arruinada con el derrumbe de la industria azucarera y la plaga de filoxera, que arrasó los viñedos malagueños en los años 80.

La grave crisis que afectó a la provincia los últimos años del S. XIX, provocó el hundimiento de empresas, el cierre de las fundiciones malagueñas, la consiguiente pérdida de empleos y un descenso general de la actividad económica, lo que llevó a muchos malagueños a buscar otras fuentes de ingresos.

Algunos vieron en el turismo una alternativa, porque aunque la idea de que Málaga podía sacar gran partido a su privilegiado clima ya estuviera extendida entre sus habitantes, hasta la crisis de fin de siglo no surgió una verdadera iniciativa para convertir la ciudad en destino turístico. Estas iniciativas se concretaron en la creación de la Sociedad Propagandística del Clima y Embellecimiento de Málaga en 1897.

El autor Carlos Valverde López, malagueño de adopción, recuerda el auge industrial malagueño de los años veinte con el siguiente soneto:

En medio de la espléndida bahía / que es la concha que guárdala brillante, / surge la perla…¿ Málaga radiante, / bañada por el sol del mediodía. / Un cielo azul la inunda de alegría, / un mar sereno la acaricia amante, / un aire tibio bésala fragante, / un eterno pensil le da la poesía. / Málaga es la ciudad de los placeres, / de la gracia de Dios, de la belleza, / del amor que rebosa en sus mujeres; / del trabajo, que es fuente de riqueza…/ Y el estruendo fabril de sus talleres / es el himno que canta su grandeza!..

No quiero extenderme mucho más en la parte histórica general, ya que quiero centrar la entrada en los vestigios y restos que de esa etapa encontramos a lo largo de toda la ciudad.

Empezaremos por una de las sociedades más conocidas e importantes de la época: LAS FERRERIAS DE LA CONSTANCIA Y LA CONCEPCIÓN.

En 1826, Manuel Agustín Heredia formó una sociedad -la Sociedad Anónima de la Ferrería de Nuestra Señora de la Concepción – para explotar los yacimientos de hierro magnético (magnetita) de Ojén, cerca de Marbella.

La magnetita de Ojén presentaba muchas dificultades a la fusión por el método tradicional, por lo que Heredia decidió innovar. Se adoptó el método ingles, creando una segunda fábrica adaptada a este sistema.
Así podemos hablar de dos de las fábricas más prósperas de la provincia, “La Concepción”, que continuó con la fundición en tres altos hornos, donde se fabricaba el hierro colado o en bruto empleando carbón vegetal procedente de la desforestación de los bosques de Sierra Blanca (Rio Verde), y “La Constancia”, que con nueva maquinaria y una colonia de operarios ingleses especializados, realizaba el afinado, laminado y elaboración de acero, utilizando hulla (coque o carbón mineral), en la playa de San Andrés de Málaga.

Hablamos de una de las ferrerías más modernas del mundo en su época, que llegó a tener cinco altos hornos, veintidós hornos pudler, dieciocho calderas y veintidós máquinas de vapor. Existe un listado detallado de sus magníficas instalaciones:

1-Tres grandes altos hornos de 50 pies de alto para la fundición del mineral de Marbella, los cuales, soplados por una máquina de vapor de 120 caballos de fuerza, pueden fundir más de cien mil quintales de hierro anuales.

2- Un horno de refinería para el tratamiento de algunas clases de hierro colado.

3- Dos hornos reverberos y tres de viento, llamados cubilotes, para la fundición de hierro colado desde las piezas de 200 quintales hasta los objetos más delicados.

4- Veinticuatro grandes hornos reverberos para la afinación y recalentado del hierro forjado, con todos sus aparatos y máquinas correspondientes, bajo el impulso de dos máquinas de vapor de 110 caballos de fuerza, pudiendo producir anualmente en caso necesario más de 450.000 quintales de hierro forjado en toda clase de barras, flejes, hierro para acero, etc.

5- Tres hornos grandes y varios pequeños para la preparación y estañado de hojas de lata.

6- Dos hornos y las máquinas necesarias para el estirado y confección de alambre de todos los géneros, movido por otra máquina de vapor.

7- Taller completo de tornos y aparatos para la construcción de toda clase de maquinaria y calderería de vapor.

8- Diferentes máquinas, hornos y talleres para la fabricación de frascos de hierro para el embase de los azogues de Almadén.

9- Veinticinco fraguas para varios objetos, gran taller de carpintería y de modelos, etc.

10- Hornos y aparatos para la fundición y estirado de cobres y otros metales.

Se estima que esta sociedad tenía una plantilla cercana a los 2500 operarios, entre los cuales se hallaban numerosos trabajadores que pertenecían a la etnia gitana. Sobre este dato existe una curiosa “leyenda o historia”: Heredia tuvo que mandar a Inglaterra a muchos de aquellos gitanos para que aprendieran la técnica de laminación del hierro, pero como ninguno de ellos tenía “papeles”, Manuel Agustín los preparó dando a cada uno de ellos su propio apellido, de manera que, todavía hoy, muchos descendientes de los apellidados “Heredia” afirman ser parientes de don Manuel Agustín.

En esta fotografía aparece Don Manuel Agustín Heredia rodeado de sus trabajadores de la Constancia.

Los altos hornos de “La Concepción” y “La Constancia” fueron los primeros con fines civiles  instalados en España. Debido a la primera guerra carlista, hubo una paralización de la forjas del norte, y la demanda se desvio hacia las fabricas del sur. Estas fábricas aportaron en 1844 el 72 por 100 de toda la fundición española en la época de máxima producción, entre las dos ferrerías se elaboraba la mayor parte de todo el hierro peninsular, adelantándose al complejo minero-industrial vasco.

La causa de que se cerraran éstas y otras fundiciones andaluzas, fue principalmente el fuerte proteccionismo al carbón asturiano, ya que las andaluzas funcionaban con hulla traida desde Inglaterra, con el alto coste que esto ocasionaba.

El último encendido de los altos hornos malagueños se produjo en los años de la I Guerra Mundial por la gran demanda generada por este conflicto bélico.

Otro dato curioso; según la Guía de Malaga y su provincia de 1878, de Lorenzo Muñiz, la Ferreria La Constancia de Heredia, envió entre sus productos a la Exposicion Internacional de Paris de 1878, un Locomóvil (locomotoras de carretera) fabricado por la Ferreria La Constancia, hablamos quizás del primer vehículo fabricado en Málaga.

Uno de los edificios mas conocidos en Málaga también guarda relación con Manuel Agustín Heredia, hablamos del Cortijo Jurado, pero eso ya es otra “historia”.

Lamentablemente de estas instalaciones no queda absolutamente nada.

* Gracias a malagahistoria.com por algunas de la fotografía publicadas en esta entrada.

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  1. #1 por Cristina el marzo 23, 2012 - 09:58

    Hola. Quería decirte que la foto que sale publicada de los trabajadores de la Constancia, no aparece Manuel Agustín Heredia. Es un dato que debes conocer, y que te lo envío sin ánimo de ofender.
    Un saludo.
    Cristina

    • #2 por Curiosos Incompletos el marzo 23, 2012 - 12:11

      Muchas gracias por el apunte Cristina. Esa fotografía aparece en varios sitios web, y en todos se indica que la persona que aparece es D.Manuel Agustín Heredia… es de sabios rectificar, así que se modificará la entrada.

      Gracias de nuevo.

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