MENTES MARAVILLOSAS: Solomon Shereshevski, el hombre que sufría HIPERMNESIA


Piensa por un instante que hasta el más mínimo detalle que te suceda, hasta la última coma de lo que leas, o la última nota que escuchaste en una canción con 13 años se quedase grabado a fuego en tú mente, y núnca pudieses borrar ni un sólo recuerdo..

¿Te gustaría?

Pues te presento a Solomón, la mente con la memoria más fabulosa de la que se haya tenido constancia en la historia de la humanidad.

Nos trasladamos a la década de 1920. Viajamos a Moscú y nos colamos en la reunión diaria de uno de los periódicos de la capital. Por la mañana, el director se dispone a repartir las tareas diarias entre sus redactores, cuando algo llama su atención: un nuevo periodista se ha presentado a la reunión matutina sin bloc de notas ni bolígrafo.

Aun así, continúa con el reparto de asignaciones y noticias, esperando el momento adecuado para regañar al nuevo periodista. Al terminar la reunión, se acerca al recién llegado para recriminarle su falta y el joven le responde con una tímida excusa: “No necesito apuntar nada, recuerdo todo lo que usted ha dicho”.

Tras la sorpresa inicial, el joven le repite palabra por palabra todo lo que había indicado en la reunión, y es aquí cuando el director se da cuenta de que se encuentra ante alguien realmente especial: pone en contacto a Shereshevsky con un reputado neurólogo y psicólogo llamado Alexander Romanovich Luria, quien estudió su caso durante aproximadamente treinta años.
Para abreviar, a partir de aquí, en los apuntes y libros de A. R. Luria, el neurólogo se refiere a Shereshevsky simplemente como “S”.

Aquí Alexander Luria:

El joven daba la impresión de tener cierto retraso, se mostraba tímido y le sorprendía aquel interés repentino por su memoria. No se consideraba algo excepcional y no podía imaginar que su mente trabajase de una manera diferente de la del resto de mortales.

En la primera sesión, Luria mostró a “S” una serie de números de siete a nueve cifras, fórmulas matemáticas complejas e incluso largos textos de poemas en varios idiomas.
Tras unos minutos, el joven repitió sin equivocación todos los dígitos y pasó sin fallos todas las pruebas mnemotécnicas que el psicólogo le expuso.

Aún más asombroso, tras tratarlo durante décadas, en una sesión quince años después, Shereshevsky era capaz de recordar sin problemas los números y poemas de aquel lejano primer encuentro, incluyendo la ropa que el psicólogo llevaba puesta aquel día.

Quizá pienses que el don de “S” facilitó su vida o le llevó al éxito. No fue así. Nuestro cerebro necesita olvidar. Mantener ese gigantesco archivo en nuestra memoria no facilita operaciones sencillas. Shereshevsky tenía grandes dificultades para llevar a cabo otras tareas cotidianas como mantener una simple conversación, expresar deseos y tomar decisiones. En su mente se agolpaban miles de conceptos, cifras e imágenes que le hacían casi imposible relacionarse, mantener un hilo argumental y enfrentarse a una elección.

Su hipermnesia (exceso de memoria) estaba, además, ligada a una percepción muy aguda de sinestesia, un trastorno poco frecuente que mezcla los sentidos. Así, por ejemplo, Shereshevsky afirmaba que “sentía el sabor y el peso de las palabras”, una cualidad que le resultaba muy útil a la hora de recordar datos, situaciones y cifras, pero que le entorpecía cualquier otra acción. “En una ocasión quise comprar un helado. Me acerqué al vendedor y le pregunté qué sabores tenían. Helado de frutas, me dijo. Sin embargo, a mi mente llegaron visiones de tonos carbón, cenizas… y no me atreví a comprar ningún helado”.

Para “S” el 2, el 5, el 6… no eran solo números. Tenían forma, peso, sabor, textura… Así, el 1, independientemente de su representación gráfica, para Shereshevsky era un número duro, rugoso, fuerte. El 5 se le aparecía como una figura cónica, en forma de torre. El 6 estaba asociado a una textura lechosa y blanquecina.

“Si leo cuando estoy comiendo, apenas puedo comprender lo que estoy leyendo. El sabor de los alimentos ahoga y se mezcla con el sentido de las palabras”, afirmaba Solomon.

EMPEZÓ A SER CONOCIDO Y A DAR CONFERENCIAS

Hasta que cumplió treinta años, momento en que toda clase de psicólogos y neurólogos comenzaron a interesarse por él, Solomon Shereshevsky nunca fue consciente de ser una persona privilegiada, como tampoco estaba al tanto de tener una mente diferente. Él siempre pensó que todos funcionábamos de la misma manera.

Cuando comprobó aquel inusitado interés por su memoria, se planteó ganarse la vida como mnemonista profesional realizando espectáculos en locales y tabernas del frío Moscú.
Sus demostraciones dejaban un extraño sabor de boca. El público asistente sentía estar ante alguien realmente especial, pero no comprendían sus dificultades de concentración a la hora de dirigirse a ellos. El ambiente cargado de aquellos bares, el humo de los cigarrillos y los puros, el gentío hablando y susurrando a la vez… llenaban el cerebro de Solomon de una carga inmensa de sensaciones, olores, colores y recuerdos.

Sus alardes de memoria en cifras y textos asombraban al público, pero sin embargo, a duras penas era capaz de mantener una conversación coherente en aquellos ambientes.

Después de algún tiempo realizando sus espectáculos mnemotécnicos, “S” se dio cuenta de que aquello tampoco le convencía. Su etapa de artista nunca había llegado a llenarle del todo y abandonó ese camino.

Lo último que se sabe a ciencia cierta del genial Solomon Shereshevsky es que terminó convertido en taxista por las calles de Moscú, y que falleció en 1958 en el más absoluto anonimato.
Se desvaneció entre las frías esquinas de la capital rusa conduciendo su taxi, pero dejó treinta años de sesiones, experimentos y demostraciones que han servido para conocer un poco más el complejo sistema que el cerebro utiliza para recordar.

Video en Español:

http://www.dailymotion.com/video/x8f…rmnesia_school

Fuente

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